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Estampas Zapatistas

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Roberto Sosa López
Roberto Sosa López
Amo el teatro, pertenezco ala Agrupación de Críticos y Periodistas de Teatro (ACPT)

Se crean a partir de sucesos y relatos que no aparecen en los libros de historia. El texto se  construye  con las voces de nietos y bisnietos de quienes lucharon  junto a Emiliano Zapata en la Revolución Mexicana. La dramaturgia articula el espectáculo con escenas que reviven los momentos más importantes del movimiento zapatista. Una obra que  nos habla de Zapata en tierra zapatista. La puesta en escena se presenta con integrantes del Teatro Comunitario Campesino, de Ticumán, Morelos;  forma parte del repertorio  de la compañía Mulato Teatro, con sede en esta entidad;  el pasado 31 de octubre la obra tuvo una representación en el escenario al aire libre de Mulato Teatro. La agrupación está  integrada con  actores de 6 a 60 años de edad.

Estampas Zapatistas restituye  acontecimientos relevantes de la lucha armada, con aquellos que pelearon por la tierra y libertad. La escena más conmovedora es donde se personifica la muerte  del hijo del General Zapata, quien muere a  causa de una mordedura de serpiente. Su familia se tenía que esconder en cuevas para no ser atrapados por el ejército federal; sobrevivían al hambre y sin recursos para comprar medicamentos.

Con el público al centro del escenario, las escenas se presentan una a una rodeando a los espectadores. La estrategia es crear un mosaico escénico que culmina con la muerte de Emiliano Zapata y el himno nacional cantado en Náhuatl, momento que eriza la piel.

Una obra que habla de Zapata, en tierra de zapatistas. Para hablarnos de la creación dramática, platicamos con el autor Jaime Chabaud.

“La idea es de los integrantes de Teatro Comunitario, me dijeron: Maestro se cumplen cien años del asesinato de Zapata, ¿qué hacemos?  Mis antecedentes en el trabajo del teatro histórico son desde Que viva Cristo rey, Divino pastor Góngora, Perder la cabeza, en fin, de inmediato dije que sí. Yo creía conocer a Zapata y no, no conocía a Zapata. Su pasión era la que me movía; aquí todos tienen origen zapatista, todos, los abuelos, las abuelas, los bisabuelos; bisabuelas o abuelas que fueron amantes del general Pío Quinto Galis o de Amador Salazar. Quizá hubo amores con Zapata”.

“Dicen algunas anécdotas que aquí perdió aquel dedo por el que se creó el mito de que Zapata no había muerto. El cadáver que expusieron tenía las manos completas, no les faltaba el dedo que se supone que en la charreada de Ticumán, le voló un toro, cuando con la cuerda lo lazó, y ¡zas…!  voló un dedo de Zapata. Luego nos fuimos corriendo a conseguir en librerías de viejo, el libro de Sotelo Inclán y al Fondo de Cultura Económica corriendo a comprar el John W. y comenzamos a buscar biografías que se repiten hasta la náusea, que dicen lo ya obvio, y cosas más interesantes. Y comenzamos, no fue por una intuición genial de: “¡No,  vayamos a escuchar la voz de aquellos que quedan, hijos y nietos de los zapatistas…!!” No fue así, fue de estar escuchando a la gente. Llegaban los actores con entrevistas y videos: entreviste un viejito que su papá estuvo con Zapata.

“Allí dijimos que había que ir hacia las fuentes; fuimos con cronistas, ancianos y no ancianos, cronistas locales,  con viejos que sus familiares pelearon con Zapata, etc., y allí salieron un montón de otras historias maravillosas que no han sido contadas. A partir de esto escribo la dramaturgia, escribí para la escena,  así “salían los tamales y se iban a poner en escena”, salían de la impresora, hacíamos copias, engrapábamos. Ellos tenían un rompecabezas de escenas. Marisol Castillo –directora- le dio al final un orden, que me parece maravilloso, yo le hubiera dado un orden equivocado, allí la intuición de la directora fue total”.

Para conocer de cerca la experiencia del  protagonista, platicamos con el actor comunitario Isidro Cuevas  Romero, quien encarna al General Emiliano Zapata.

¿Qué representa para usted interpretar a un personaje como Zapata y cuál fue el mayor desafío…?

“Sin duda alguna jamás ningún ser se va a comparar con él, esto es simplemente ficción, es actuación, y bueno el mayor reto fue sentir en carne propia aquello que él vivió; he leído sobre él después que me propusieron este papel; tuve que leer mucho, aunque soy originario de aquí de Morelos, hay cosas que los libros de historia no te cuentan; hay muchos detalles, hubo muchas atrocidades, muchas injusticias y los libros no lo dicen. Los maestros –Jaime Chabaud y Marisol Castillo- y nosotros nos dimos a la tarea de visitar a los últimos zapatistas, los bisnietos de aquellos hombres que murieron, que pelearon y vivieron aquella época. Nos contaron con lágrimas en los ojos, sentados en su mesa, en su sofá lo que sus abuelos les contaron. Y estás historias que ustedes vieron aquí, que nosotros actuamos, son historias verdaderas; obviamente un poco maquilladas, un poco respetando los géneros fueron adaptadas, pero son muy apegadas a la realidad, son historias que no leímos en libros. Gente que dio la vida, mujeres que se hicieron pedazos, niños que murieron de hambre; eso no lo cuentan los libros de historia; la gente que todavía vive, los últimos zapatistas nos lo dijeron y mire, esto fue lo que logramos representar. Fue un gran reto para nosotros, porque no podíamos, de verdad, yo mi papel, en la escena del conejito, donde se le muere su hijo, fue una historia real, fue muy fuerte, es la escena que más sufrimos, la verdad, nos toca lo vulnerables que somos, la vida es una, y hay que seguirla, fue un gran reto y aquí estamos”.

“Representar a Zapata es un orgullo, me he ganado bonitos calificativos  de verdad, antes de interpretar a este personaje, había hecho personajes diversos, pero desde que interpreto a Emiliano Zapata la gente en la calle no me habla por mi nombre; o me grita General, o me grita Emiliano, o me grita Zapata, ¡viva Zapata!, y eso me llena de orgullo, y cuando alguien pregunta por mí, ya no preguntan por mi nombre; nada más preguntan, ¿por dónde vive Zapata…? Es un orgullo, eso es lo que representa para mí, un orgullo, y cómo dice usted, cuando uno entra a Morelos, desde una taquería, un monumento, un teatro, hasta una calle tiene el nombre de Zapata, lo traemos tatuado ya. Somos reconocidos a nivel mundial. Como dato curioso, yo estuve en Estados Unidos cuando tenía 20 años; me topé con un ruso, un estudiante de universidad, estaba estudiando en la ciudad de Chicago, él estaba haciendo su tarea en una mesa, yo paso y de reojo veo que tenía un libro con la foto de Emiliano Zapata, todo escrito en ruso, lo cual me sorprendió mucho, me regresé y le dije: oye Dimitri, ¿qué haces con este libro tú en tus manos…?, me responde: ¿sabes quién es este personaje…?, le respondo: es Emiliano Zapata, dice: pues soy fan de Emiliano Zapata, me lo estaba diciendo obvio en inglés, pero el libro estaba escrito todo en ruso. Me empezó a dar datos de él, le digo: es impresionante que tú siendo ruso conozcas más de ese  hombre que yo, que soy de allí de Morelos, soy vecino casi de él. Eso me llenó de orgullo, empecé a llorar. Eso representa para mí, un orgullo inmenso. Hace poco en un país árabe, conmemoraron los 100 años de su muerte con un timbre postal, eso llena de orgullo, por donde quiera en todo el mundo lo conoce, y eso es lo que representa para mí interpretar este personaje”.

Labor importante para lograr este resultado, es la de Marisol Castillo, directora de escena; esto fue lo que nos comentó.

“Estoy muy contenta de volver a tener esta comunión con el público. Lo que pasa en cada representación, los nervios , los chicos tartamudean, se les va el texto, no entra la luz, no entra el sonido, eso todo director lo tiene, hasta el más profesional con todos los años. Se sigue viviendo esa adrenalina, se sigue viviendo con la presencia del público y eso es lo que más me emociona y eso es lo que yo les quiero generar a los chicos, que no pierdan esa adrenalina de poder tener esa comunión con el púbico que es sagrada en el teatro; ahora con la pandemia, lo hemos perdido mucho. Hacemos ahora un teatro digital que no sabemos quién nos está mirando, cómo nos está mirando, no tenemos esa complicidad de la mirada; no sabemos nada. No es lo mismo tener al Zapata todo nervioso, que se está equivocando y se le salen las lagrimitas y tú estás llorando con él, es algo que no te da  la pantalla. Se agradece el cine y se agradece que los compañeros teatreros estén haciendo su mayor esfuerzo de seguir presentando, que no dejen morir el arte y seguir viendo obras de teatro digital…pero esto se agradece más. Esta adrenalina de tener aquí al público se agradece mucho, no se compara para nada. Esta es la gratitud que me deja, la emoción de tener a mis chicos y que ellos puedan vivir la experiencia y puedan aterrizar toda la técnica, todo lo que trabajamos que lo puedan aterrizar, aquí, en las presentaciones. Lo que más nos cuesta justo es la concentración, eso del estar aquí y ahora, eso es lo que más les cuesta a ellos, ya que vivimos en un mundo disperso; ahora con la pandemia hemos logrado ver películas seguidas –gracias Netflix- nos deja ver series sin comerciales y todo, antes era de un capitulito y comerciales, eso nos hace una mentalidad fragmentada, nuestra estructura mental es fragmentada justo por eso, porque siempre nos están bombardeando con cosas, estamos centrados en algo y de repente el comercial, una canción y se corta por otro comercial, todo eso afecta nuestra percepción y nuestra forma de comunicarnos con el mundo; por eso a ellos les cuesta mucho estar y concentrarse, estar siempre en el aquí y el ahora. Y hoy, hoy estaban, hoy estaban; en la última escena todos querían  salvar a Zapata; se escuchaban vocecitas por aquí, por allá, querían decirle el texto que se le había ido…eso para mí  es estar presente, estar en la misma frecuencia. La niña chiquita se le fue el texto, y dice:  ¿qué digo?, sabe que tiene algo que decir y la mamá le dice ley, y ella diga ¡ley!, que no se quede callada; todo eso agradezco, yo no les voy a decir: ¡estuvieron re mal, cómo se les olvida..!!, no  para nada, gracias chicos por todo el esfuerzo que acaban de hacer”.

La obra tiene un gran valor histórico y estético. Es un trabajo bien logrado con actores no profesionales, no son egresados y tienen formación académica,  tienen otras ocupaciones como jardineros, estudiantes, campesinos –quien da vida a Zapata es albañil- , no obstante en su trabajo hay entrega, lo dejan todo en cada escena; se  ve en su mirada el orgullo de representar esta parte de su historia y esto se agradece. Como espectador, como mexicano…  el final me dejo conmovido.

En esta  función se contó con la presencia de un invitado especial: el Sr. Tiburcio Zapata Fierro, nieto directo del General Emiliano Zapata. Esto fue lo que respondió después de ver Estampas Zapatistas

¿La familia del General Zapata, cómo ve ahora esta vinculación que tiene la comunidad con el arte y con este proyecto que Jaime Chabaud y Marisol Castillo están desarrollando aquí en Ticumán?

“Los felicito y ojalá sea un éxito, porque realmente Jaime lo trae en la sangre, a mucha gente de acá la está haciendo artista; es una gracia que él trae, no cualquiera lo puede hacer, incluso mucha gente que no tenía trabajo, ahora con este proyecto ya lo tendrá, será un sostén más, independiente de lo que se dedican, su otro trabajo;  esto es un extra donde también les cae un centavito, y están aprendiendo. En la obra repiten la historia, lo que vivió el General se está viendo otra vez en su actuación, y como representan a Zapata, las Adelitas, todo; nos remontamos a 100 años atrás. Para mi es una gran satisfacción que nuestro General siga todavía acá. A  100 años de su muerte, él sigue vivo, es inmortal y siempre vivirá para todo lo que es México. Es reconocido mundialmente por sus ideales”.

“Mi padre fue Nicolás Zapata Aguilar,  hijo mayor del General Emiliano Zapata Salazar, a mi padre le tocó andar con él en la Revolución; a él le tocó –platicaba mi papá- comer frijoles con gorgojo, el maíz, sufrieron porque el Gobierno los traía a raya. En los cerros los andaban buscando y tenían que esconderse para sobrevivir, fue mucho, fueron nueve años de Revolución, nueve años de guerra. A él le tocó estar al lado de su padre, apoyándolo y la verdad si sufrió. El General Zapata dio su vida por la tierra y libertad”.

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